miércoles, 29 de febrero de 2012

Una muerte en el Gimnasio

  Nos pidieron puntualidad en la redacción, suelen decirnos que llevemos ideas frescas o un temario, pero nunca hacen referencia a la hora de llegada.

   El ser humano, o al menos los 10 escritores que nos dimos cita ese jueves, fuimos muy optimistas y enseguida supusimos que nos iban a confirmar el aumento que veníamos pidiendo o tres días libres para carnaval o una nota a voluntad sin la mirada censora del editor al que ya nunca le gustan nuestras propuestas. Pero no, café de por medio, café corto, de esos que se terminan en dos literales sorbos, Pablo, nuestro jefe directo y al que  si le sirven café doble, sonrió.

-¿Que pasa Laura?
   Lo hace a propósito porque sabe que no sé iniciar ninguna conversación, porque me conoce hace mucho tiempo y porque una vez, en una fiesta de fin de año, le dije que era el hombre más bueno del mundo.

-¿Más que Dios? – preguntó.
-Si, mas que mi padre incluso. Bajé de su coche, giré la cabeza como cada vez que Verónica Castro se ofende en sus novelas y lo saludé, sabiendo que para un jefe, no hay elogio mas deseado que el de ser bueno. Desde entonces está empecinado en demostrarme que no lo es tanto y trata de hacerme sentir incómoda.

-Nada, no pasa nada – Sonreí.
-La última nota del año es algo particular, necesito que sean creativos, la revista pensó en una edición donde se hable de personas buenas, que tienen nobleza o bondad.

   Alberto remarcó que eso lo hace la Revista Gente, con más presupuesto y figuras estelares. Fernando sugirió al autor del libro más vendido el último semestre y Carlos, Carlos que lleva tan al día la muerte, propuso escribir sobre “los que nos dejaron este año”.
-Hagan lo que quieran, escriban sobre quienes sientan, entreguen la nota el lunes. Cualquier consulta, me llaman – Y como siempre tomó la taza con las dos manos y sabiendo que la temperatura del café era la esperada, apoyó los labios y bebió hasta acabarlo, sin bajar el pocillo, mirando como se dispersaban sus empleados con la certera convicción de no haber entendido nada.

  El artículo fue publicado tal cual lo envié, casi una nota confidencial entre dos amigos que hace mucho se conocen.
Querido Pablo:

   No entiendo con que criterio nos pedís semejante labor. Apenas faltan 6 días para que termine el año y sabés que no estamos como para pensar en nada. Llevo cinco horas escribiendo y borrando, escribiendo y borrando. El teclado está caliente, puedo sentirlo cada vez que golpeo sobre la A o la B o la Z.
   Entonces cómo no se me ocurre absolutamente nada voy a escribir sobre el lugar menos pensado, no pensado por lo extraño u ocurrente, sino porque si hay un lugar en el mundo en donde no se piensa en nada es en el Gimnasio al que voy de lunes a sábado, solo para castigarme por haber sacado un abono anual del que estoy muy arrepentida.

   En ese salón donde no saludan ni antes ni después, salvo que uno tenga intenciones de flirtear con el desagradable recepcionista me siento oprimida y avergonzada.
   Cada vez que ingreso a un lugar, hago una rutina que, escrito así de simple puede rozar lo psicótico, pero no es para tanto. Ya sea en un colectivo, en un ascensor, en la fila del supermercado o en cualquier sitio donde esté y no sepa de nadie conocido, busco por unos minutos a la persona más buena del lugar.

   ¿Cómo sé que es la más buena? Porque es la que sabría que hacer.
   Es un mecanismo simple, que tengo tan arraigado, que no podría explicarte el proceso de detección del sujeto. Es solo mirar e imaginar por unos segundos, que en caso de fuego, ahogamiento o desmayo, con las pocas fuerzas que esas situaciones provocan me acercaría a esa persona y solo le diría –“Me siento mal”.

   Entonces esa persona, mientras me acomoda suavemente en el suelo, sin ser elegida por cercanía, ni por apariencia, ni por azar, sabría exactamente que hacer. Sería él que llamara al SAME, pidiera un médico, abriera un sobre de azúcar para colocar bajo mi lengua, mientras sostiene mi cabeza sobre sus piernas y pide que se alejen para que tenga aire para respirar.
   No sé si lo que te cuento funciona, porque por suerte nunca me desmayé, ni vi fuego, ni me ahogué en público, los chequeos médicos me dan perfectos, pero uno nunca sabe y a mi me da serenidad imaginar algo así.

   Eso hacia en el Gimnasio todos los días y tal vez, me costaba tanto ir porque no había quién pudiera salvarme la vida.
   Al  principio supuse que podría ser un tal Marcos, tenía una edad cómo para saber reaccionar, una contextura que podría alzarme como Kevin Costner a Whitney Houston en “El Guardaespaldas” y una vez lo vi llorando. Yo estaba haciendo no sé que ejercicio para las piernas, cuando cortó la charla que mantenía por el celular y se sentó vencido sobre los escalones apilados para hacer Step. Quise bajarme de la máquina para preguntarle si necesitaba algo, pero enganché una parte del cuerpo y quedé boca abajo. Cuando recuperé la postura ya no estaba. Algo me decía que no era él.

   Desconfío de la gente que depende tanto del celular, de los que miran las colas de las chicas sin disimulo y de los que hacen alarde de sus músculos. Una de esas tardes dejó de ser Marcos, para ser Bruce Willis. Se arrodilló con los brazos en cruz levantando unas cuerdas con pesas. Se le desfiguró el rostro y los músculos parecían a punto de explotar. Era Bruce Willis en la película Bajo Amenaza, cuando ingresa a la casa sobre el capot de una camioneta en esa pose de semi crucifixión.
   A veces cuando me saluda, pienso que debe ser una buena persona, algo triste, un poco frívola, demasiado preocupado por no repetir el modelo deportivo que usó el día anterior. Quisiera preguntarle que música escucha cuando corre en la cinta y muestra orgulloso su tatuaje japonés, debe tener 50 o 55  años. ¿Sonará Horacio Guaraní remixado, algún clásico de Fontova, lo último de Serrat? Supongo que bajará a David Guetta o a algún músico electrónico, porque ahora eso es sinónimo de juventud.

   Otro día descubrí al clon de Guillermo Coppola, también ví al de Guido Süller y te imaginarás que de ninguno sospeché que tendría recursos para salvarme la vida.
   El pseudo Coppola, está abarrotado de cama solar, tiene mas de 60 años, supongo que tres o cuatro divorcios, presbicia que disimula dejando en el cajón de los profesores los anteojos y un aro de strass en el lóbulo derecho de la oreja. Una de sus hijas va siempre a pedirle permisos que él niega, por lo que estimo que la adolescente querrá dinero, el auto o salir con un chico que le triplica la edad.

   Guido Süller, es en realidad el peluquero de un diseñador de alta costura que también concurre al lugar. Y como nadie es profeta en su tierra, cada 20 días cambia el color de la tintura que nunca termina de quedarle pareja. Es de todos los personajes caricaturescos del lugar, el que mas sociales hace. Solo una vez lo vi con dos mancuernas de 2 kilos. Los demás días, conversa. No llego a escuchar de que, pero él está ahí donde hay más de dos personas reunidas.
  Y así estaba, sintiendo que podría descompensarme sin ningún tipo de socorro, cuando en el salón de los abdominales vi al hombre mas bueno del lugar.

   Nunca supe su nombre, pero en mi imaginación le decía Charles, por Charles Ingalls y ahora sí que no soy irónica con el sobrenombre.
- Esta parte es la peor – le dije mientras olvidaba el número de abdominal que era, porque nunca fui buena para hacer dos cosas a la vez.

-Si- me contestó- pero hay que hacerlo.
- No, yo vengo solo hasta que la bikini de Animal Print que quiero estrenar este verano me quede dignamente. Después no vengo más.

   Tan fuera de lugar como me sentía en ese gimnasio, tan sapo de otro poso y tan desubicada de mis pensamientos y mi propio cuerpo, le pregunté:
-¿Vos por qué venís? – lo vi delgado, sano y solamente concentrado en su actividad física.
   Por suerte él contestó antes de que yo pudiera hacer mi rotundo comentario en que aseguraba que hay tres clases de hombres en ese lugar: los que van a mirar chicas, los que van a seducir chicas y los que van a seducir chicos. Charles no clasificaba en ninguna de las categorías.

-Porque toda mi vida hice deporte y para que cuando llegue a viejito no tenga que estar molestando a nadie para que me ate los cordones. Los seres humanos somos cuerpo, mente y espíritu ¿no? Y hay que cuidar los tres aspectos desde ahora.
   Nos quedamos conversando unos minutos mas, hasta que ambos terminamos la rutina de los abdominales y nos dispersamos por el lugar.

   Esa tarde me fui sintiendo ambiguamente que había encontrado quien salvara mi vida en ese sitio y en que prejuiciosa y frívola me había vuelto. Meses enteros mirando con crueldad a los deportistas del local, seguramente yo era a los ojos de otros una pseudo intelectual, una aspirante a Pampita.
 ¿Quién era yo en ese lugar? Alguien que trataba de pasar lo mas desapercibida posible seguramente por vergüenza o incomodidad. Era la que criticaba al resto y en el mejor de los casos la que iba por una cuestión tan banal como la de usar un traje de baño sin celulitis.

   Algunas veces nos cruzamos en la plaza del barrio, Charles con su familia y yo con un libro o un café. Otras veces coincidíamos en el dispenser de agua del Gimnasio y poco más.
   Me pediste que redactara una nota sobre alguna persona relevante del año. Sé que mis compañeros van a escribir artículos maravillosos sobre mujeres que abren comedores, médicos que  curan en el impenetrable y niños que se sobreponen a los dolores más grandes.

   No sé ni siquiera como se llama la persona que elegí y tal vez hasta acá te parezca mas una excusa para rellenar las líneas solicitadas que otra cosa.
   Hace unos días, cuando estaba entrando al antro de los atletas citadinos, vi un tumulto de gente, dos mujeres que gritaban y el encargado de la limpieza, que ahora oficiaba de seguridad, se abalanzó sobre mí y aseguró que no podía pasar.

-Soy policía – dije tratando de ubicar los sollozos y avanzando.
   No sé si me creyó o ya le daba lo mismo todo. Debo reconocer que me preocupó un poco pensar que estaba yendo al gimnasio con aspecto de guardia metropolitana. ¿Cuándo dejé de parecer una mujer romántica? Siempre quise parecerme a alguna mujer Parisina. Bueno eso ahora no importa, subí los dos escalones que separan la recepción, del salón de musculatura. Aflojé un poco el rodete que tenía en la cabeza por si de verdad parecía policía.

   Bruce Willis estaba en el piso y ¿Quién le sostenía la cabeza? ¿Quién estaba llamando al SAME mientras le tomaba el pulso y calmaba a los presentes?   Charles Ingalls.

   Tal vez, como mi jefe, crees que no es mas que la profecía auto cumplida, “cualquiera haría lo mismo, Laura”. Pero como hombre bueno, sabés que no es así. Que la mayoría le tememos al dolor, a la desesperación, a los imprevistos, a los años.
   Pero como dijo mi amigo del Gimnasio, somos cuerpo, mente y espíritu, no fue solo esa la pauta. ¿Cuántas veces escuchaste a un hombre o a una mujer pensar con tanto amor en su vejez? Seguramente aun le falten 40 o 45 años para ser un anciano, pero él ya está asegurándose no molestar, valerse por si mismo, quedarse con lo esencial.

   Quien pueda atarse los cordones probablemente pueda andar y alguien así de bueno no debería estar mucho adentro y encerrado. Te escribí sobre la persona menos famosa y conocida, sobre alguien que no es masivo y que probablemente nunca dé declaraciones en televisión. Y no voy a decirte que ya no me importa la celulitis ni la flacidez, pero cuando escuché a ese hombre, que podría ser cualquiera de nosotros hablar con tanta naturalidad sobre lo verdaderamente relevante, pensé que vos también deberías conocerlo.
   Estoy segura que vas a preguntarme:- ¿Más bueno que Dios?

   No sé ¿Quién es más bueno Dios o Charles Ingalls?

domingo, 25 de diciembre de 2011

Un cuento de Navidad.

Mi expectativa para la nochebuena, era tener terminado un cuento de navidad. Se supone que todo escritor debería tener uno, no es que sea tan consagratorio como lo fue en su momento  almorzar con Mirtha Legrand, pero lo es. El mundo intelectual es difícil y competitivo y aunque me quedo solo con algo de ese mundo, quería escribir un cuento de navidad. La inspiración no me ayudó y el tiempo que me juega en contra como a todos los mortales, tampoco.

Ayer mirando el mar, recostada sobre una lona que viene conmigo desde hace años y fue un regalo que me trajeron de Ibiza, o sea que tiene playa y marcha, mientras leía mi autora preferida me decía: hoy es Nochebuena y no escribiste nada.
Era la segunda expectativa en la última semana que no me había podido cumplir a mi misma.

Un señor que vendía bolsos al grito de: “llegaron los descuentos del Corte Inglés, tres bolsos por dos, o treinta días de sol garantizado”, interrumpió el silencio. Uno de los playeantes lo detuvo, lógicamente no por la oferta de los bolsos, sino por lo de los días de sol.
-Si, si, treinta días de sol garantizado. Pero no acá, este clima es de cuarta, el verano está en Alicante. Yo soy huérfano, pero estoy acá por un error de mis padres. Allá si que hay verano.

Defraudado en sus expectativas, el hombre que había preguntado por los días de sol, hizo un gesto con el brazo, como enviándolo de regreso a Alicante y noté, que sus expectativas desaparecían.
-Pero si estamos en Punta del este ¿Cómo querés que llegué a Europa?

-Cruzando el océano, yo lo crucé 14 veces y soy huérfano. Y además, hoy es navidad, navidad. No es que viene Papá Noel, nació Jesús, que es otra cosa.
Y levantando el tono de voz, afirmando lo que iba diciendo a toda la playa, terminó gesticulando como un gran orador de masas.

-Papá Noel es un invento de la Coca Cola, no existe, son los padres.
Algunas madres corrieron hacia donde estaban sus hijos como si el vendedor de bolsos fuera un secuestrado de menores y no un relator de verdades. Otras mujeres miraron concupiscentes a sus hijos, con ojos de ¿te habrás “avivado”?

Pero los niños siguieron jugando, ningu no quiso repararen aquellas palabras. ¿Quién quiere perder las expectativas de la llegada de Papá Noel justo 5 horas antes?
Hoy, al levantarme, tomé esta foto del baño del hotel. Seguramente quien diseñó el lugar imaginaba a las mas selectas modelos mirándose en ese espejo, pensó que Kate, Naomi, Alexa o cualquiera de esas súper altas se mirarían en el. Maquillarían su superficialidad y saldrían a la calle listas para enfrentar el mundo con su belleza.

Una siempre se las ingenia para maquillarse, porque al final cubrir el rostro con crema y colores no es mas que asumir que no se cumplieron las expectativas de la piel perfecta, del lunar sexy sobre el labio superior, de las cejas con el ángulo justo que enmarquen los ojos y las pestañas tupidas.
Fue un lindo día donde no cumplí ninguna expectativa, ni las propias, ni las que los demás tenían puestas en mí. Pero descubrí que las expectativas están para no cumplirse, como algunas reglas, que están para romperse.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Rescatate gil

   Los chicos de ahora no tienen vocabulario – me dice una señora en el colectivo. Y admiro que haya distinguido a su avanzada edad que son chicos y no clones de mal resultado de algo aún desconocido.

   Van  a una convención de animé Japonés y pienso que no tienen ni vocabulario, que sería algo que uno podría tolerar por su corta edad, ni noción del ridículo, que es imperdonable, porque cuando se pierde esa condición se lo hace para siempre.
   Se gritan entre ellos, mientras se empujan para avisarse que se están por decir algo.  El colectivero amenaza:

   -Un pasito para atrás que hay lugar en el fondo – Si me gustase la cumbia haría un tema muy bailable que dijese, un pasito para atrás que hay lugar, que hay lugar, que hay lugar.

   -Eh gato, avisá. – le dice uno de los adolescentes a otro - ¿Cómo que el Ricky no viene?
   -No – contesta uno que no llegó a disfrazarse del todo- Se encanutó con la vieja.

   Miro a la señora mayor y sonrío.
   Dicen que cuando el hombre pierde vocabulario se le estrecha la mente y pierde matices de pensamiento crítico. Me acuerdo de un amigo al que le dije: “¿Podés dejar de hablar como un adolescente?”, cuando me preguntó  “¿Qué onda?”  Y le dije lo que hasta acá llevaba investigado sobre el tema, que si continuaba usando terminología anti-sinónimos sería sometido intelectualmente durante los próximos lustros.

   Hace diez años, un joven utilizaba 800 palabras promedio. En la actualidad se cree que emplean alrededor de 200, sobre un total de 90.000 términos según los dos tomos que publicó la Real Academia Española.
  Algunos y podría dar nombre y apellido, con 10 palabras se arreglan y arreglaran toda la vida. Si usted tiene a uno de estos seres cerca los reconocerá por la singularidad con la que puede aplicar los siguientes vocablos: Cosa, Coso. Chabón, minita, boludo, celular, tipo, nada, eh, y la construcción A full. Los sinónimos y los antónimos no cayeron en desuso. No existen para ellos, menos si están entre pares. No tienen vocabulario y desestiman cualquier acercamiento a este. No lo creen necesario. Y cuando por alguna de esas casualidades se les presenta la oportunidad de articular una preposición, un verbo, dos sustantivos y algún artículo, consumen las consonantes con intención de ahorro. Acusados de pertenecer a la generación del consumo inmediato, estos jóvenes argentinos, sin apuro por dejar la edad del pavo que tan bien les sienta, dirán: Vamo a comprar fatura. 

   Tal vez no lo sepamos y estos adorables jovencitos paguen IVA o impuestos a las ganancias por cada S no pronunciadas. O a lo mejor las están guardando en una gran bolsa de consorcio, porque en un futuro, así como escaseara el agua, escasearán las S o las C.
   Se cree que un adulto con estudios secundarios completos, inserto en el mercado laboral, sin estudios superiores, ni personal a cargo emplea 600 palabras con cotidianeidad.

   ¿Dónde se entregan las 400 palabras que les robaron a su juventud? ¿Las dan a pagar en cuotas o se pueden canjear por x cantidad de puntos que serán debitados de la tarjeta de crédito?
   ¿En qué momento les llegan a estos ex gurrumines las cuatro centenas de términos? ¿Una mañana cruzando la calle, esperando en la fila de un banco, las aprenden de repente?

   Mañana empiezo una cruzada para salvar el honor de la juventud argentina, tienen que saber que están siendo estafados en su buena fe. Que nos les están diciendo la verdad, que tienen algo que es suyo.
  Eh, amigo, no sean boludos, les están cagando 400 palabras. Que bajón, no da. Bue, tipo que la cosa esta, tipo la minita o el chabón que les chorearon las palabras son ladris. Que no los apuren, no sean gatos, sean pillos.

Es una buena frase, contundente y firme. Violenta hasta el extremo, tan pertinente para un ex presidiario o para una adolescente promedio.

jueves, 27 de octubre de 2011

A la playa en Octubre

Nos cruzamos con Ángel, mi médico de cabecera, según la obra social. Mientras me ayudaba con algunas bolsas que estaban a punto de desfondarse  preguntó:

-¿Te vas Punta del Este  en el verano Laura?

Me sorprendió la pregunta, compartimos una especie de fanatismo por Uruguay, pero ni siquiera acaba octubre.

-Si doc, seguramente me instale en La Mansa, a donde van las señores mayores con sus mantas y sus libros. A donde no hay olas y está lleno de aguas vivas, seguramente estaré enfrente del crucero que trae turistas brasileros que no quieren pisar la playa, porque prefieren las comodidades de la pileta del barco. O tal vez les explique en portuñol, un portuñol que cada día perfecciono con gestos practiquísimos, como llegar al puerto.

O tal vez camine por la orilla, tratando de encontrar a Teresa, una profesora a la que ya no le abren la valija, porque saben que lleva un traje de baño y el resto son libros de historia y arte. Libros que si nos divisamos en la estrechez de la costa, me presta.

Es con el único médico que mantengo una fiel regularidad, porque nunca me encuentra nada que no pueda curar un fin de semana en la playa. Porque las dos o tres veces al año  que nos vemos, me recomienda cabañas o lugares a donde ir a comer en el país vecino.

Porque pedir un turno con él es viajar en el día a  Punta del Este, no es un médico es un agente de viajes encubierto que de lunes a viernes trabaja de cardiólogo para pacientes que solo necesitan viajar.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Antes del anochecer




VIII

Miserable Catulo, deja de lado la torpeza,
y lo que ha muerto considéralo perdido
Alguna vez te deslumbraban las estrellas
cuando ibas tras de aquella
a la que amamos como ninguna otra será amada
Y allí se solazaban de aquellos muchos goces
que tú querías y ella no negaba

(en verdad te deslumbraron las estrellas)

Ahora ella no quiere más, tú no quieras tampoco,
ni sigas a la que huye, ni vivas miserable
Obstinadamente soporta, resiste

Adiós, muchacha, Catulo te resiste,
ni te requiere ni habrá de rogarte
Pero tú te dolerás cuando nadie te ruegue
¡Ah, malvada! La vida que te espera…
¿Ahora quién vendrá a ti? ¿A quién le parecerás bella?
¿A quién amarás ahora? ¿De quién se dirá que eres?
¿A quién besarás ahora? ¿De quién morderás los labios?
Pero tú, Catulo, decidido, ¡resiste!

domingo, 4 de septiembre de 2011

Ya lo dijo Mary Jane

  En una de las películas de Spiderman, Mary Jane, le dice:

   “Las mujeres amamos a los hombres malos, pero terminamos quedándonos con los buenos.” Se lo decía a Peter Parker, en el cementerio. Y el pobre, que nunca fue muy lúcido creía que tenía un problema porque su amiga estaba enamoradísima de su alter ego. Pero no lo comprendió y la dejó a Mary Jane, con un ramito de flores suspirando por el malo.
   Porque el malo, no es un sujeto que se ajuste al término, el malo que nos gusta a las mujeres es el que rompe las normas, es recio, masculino, rebelde. Hace lo que los otros no y lee y escucha todo lo que lo lleve a  quejarse y ajustar las reglas de esta sociedad corrupta.
   Para mí, ese hombre malo del que habla Mary Jane, es punk. Siempre, siempre me gustaron los punks, mucho antes de que existieran, antes que se vistieran con cadenas o se hicieran la cresta. Hace muchos años, estaba de vacaciones en México, esa mañana me tocaba recorrer el D.F. iba muy cómodamente sentada del lado de la ventanilla, alerta porque en cualquier momento aparecía el estadio Azteca y suben seis punkis, vestido de pies a cabeza de su filosofía. Después de los ninjas, nada me daba más miedo que un ser con cresta, vestido de negro y con cadenas. No los quería mirar, para no intimidarlos, pero me era imposible dejar de hacerlo. Es como ver a alguien desnudo, uno sabe que no debería mirar, pero  pispéa disimuladamente.
   Fisgoneando a los punks, me perdí el estadio y la foto que le había prometido a mi papá. Desde ese día, en que cuando fui a descender uno de ellos se corrió para que pasara, mientras otro le hablaba a un perrito de esos que sirven más como llavero que como mascota, que tenía otra pasajera, es que no creo en el salvajismo punk.
    Después investigando un poco la filosofía punk, vaya a saber de quien estaría enamorada que me acercó algún libro anarquista, comprendí que si algo quería para mi vida, era vivirla como punk. Pero me gusta mucho la ropa, los zapatos y Alejandro Sanz, situaciones incompatibles.  La vida es dura.
   Hoy, estaba entrevistando a Robert Juan-Cantavella, autor del género punk journalism, y le dije lo más punk que dije en toda mi vida:
   “El punk es romántico”, Robert me miró, imagínense a un hombre que acababa de definir un nuevo estilo literario como punk, que tiene un personaje que muchas veces  funciona de pseudónimo, que por poco no es el paradigma del punk, drogadicto y agresivo. Con mi mejor cara de seguridad le zampo, el punk es romántico y por si no le había quedado en claro continué:
   “Es sentimental, eso de la anarquía, y los ideales, para mí es lo más romántico y sexy que hay. Vah, a las mujeres nos encantan los punks, aunque no usen camperas con tachas, ni cresta.”
   Y como buen Punk, Robert me dio la razón, "por supuesto que el punk es romántico", me dijo. La entrevista completa la subiré en estos días, pero me sentí tan guapa de valentía, que quería compartirlo.
   Por la sala había otros escritores como Caparrós y Cicco, pero yo busqué al más punki de todos y se lo dije.
   A lo Mary Jane, porque me gusta mucho el rosa Dior y las revistas de moda, pero sigo siendo la misma chica que se enamora de los malos y no siempre me quedé con los buenos.

martes, 19 de julio de 2011

Me gusta Forlán

Estaba en el gimnasio, haciendo la rutina de los 25 minutos de cinta, frente a dos plasmas, gigantes.  Uno pasaba series viejas de Warner Chanel y el otro la vida de Diego Forlán. En mute, y con algo de rock en mis auriculares, decidió mi inconsciente mirar la biografía del jugador.  De arranque, era una vida corta, empezaba en Independiente y terminaba en la Copa América. Deduzco que habrán hecho algún tipo de aclaración los periodistas, pero como yo no podía escuchar me lo perdí.

Me cae bien Forlán, me gusta. No sé si por ser Uruguayo o porque le dicen Cachavacha y me hace acordar a la Bruja Verón, que me gusta mucho mas que Forlán.

Me gusta porque se ríe, ¿puede ser que ya no vea tantos hombres reírse y disfrutar de la risa? Sin vergüenza, sin taparse, sin sonreír, risa pura. Vi que abraza a sus compañeros transpirados, algo que no haría ni con mi madre. Y algo que ya confesé muchas veces, guiña el ojo y ese gesto, para mí, es lo más seductor del mundo. Algún día lo explicaré, fuerte y claro. Lo cierto, y a manera de resumen es que, uno tiene que tener mucho dominio  de si y de la situación como para guiñar el ojo y no quedar como una persona con problemas nerviosos que tiene un tic.

Me gusta Forlán, porque dejó a su novia 40 días antes de casarse. Con la Wedding Planner, los souvenirs y el cisne de Manteca para que los invitados unten las tostadas antes de ponerle anchoas. Me extraña que no me haya puesto corporativa, si bien el Matrimonio show, no me va, me apena que se rompa la ilusión de una persona. Pero, analizando que una de las protagonistas de esa historia ¿de amor? Apareció siete días después, en minifalda y pintada como una puerta, riéndose de lo que le había pasado. Sospecho. Sospecho que el jugador descubrió otras intenciones, o se dejó llevar por el pánico prematrimonial. Digo, me han dejado muchas veces y (aunque soy de duelos largos bien dramáticos) supongamos que exagero, pero ninguno de los hombres que me hicieron llorar, estuvieron ni siquiera cerca de darme la vida que le podía dar Forlán a su novia. Siendo más clara, eran hombres (algunos) amorosos, divinos, llenos de buenas intenciones (algunos), pero no vivían en Europa, ni ganaban millones, ni siquiera tenían los abdominales de Forlán. Y así todo, con lo poco que resulta el amor después de todo lo que mencioné, los lloré como se debe. A lágrima viva, como diría Girondo, sintiéndome morir. Y eso que ninguno de esos hombres me propuso matrimonio.

Aquellas mujeres que se destacaron en lo que hacían, casi todas las que yo conozco, quedaron destrozadas o indignadas o enfurecidas o enceguecidas, por un hombre que las marcó a fuego. Bastó con uno, para que ellas les dedicaran el resto de sus días para pintarlos, escribirles, condenarlos para toda la eternidad. Una no se recupera así como así de un duelo, sino para que están la películas de amor, los libros de autoayuda, las botellas de whisky y las amigas.

Una no se recupera así nomás de un duelo y menos, si el hombre que te dejó puede llevarte a Paris, abrirte la puerta de Chanel y comprarte el mítico saquito, que vos tantas veces emulaste con telas compradas en once.

Me gusta Forlán.
La casa Chanel y el bolso que me gustaría llevar. Quien no se ve divino con algo así.

sábado, 11 de junio de 2011

Los libros en mi


No fui de esas niñas prodigios que aprenden a leer a temprana  edad. Lo hice como la gran mayoría a mitad de primer grado, pero preferiría mentir. Una tarde, iba en el asiento trasero del auto cuando miré hacia arriba y vi el cartel de la calle. Rivas.

-Pa,  ¿esta calle se llama Rivas?

-Si ¿cómo sabés?

-Porque leí el cartel.

   Frenó el coche, me miró sonriente, pero incrédulo, giró a la derecha y empezó a señalarme los nomencladores. Alvear, Avellaneda, Olavarría, todavía tengo en el cuerpo esa sensación, quería recorrer la ciudad en busca de desafíos ¿Cómo había podido estar tantos años sin leer? ¿Cómo no nacemos leyendo? Me pregunté. Y así empezó mi relación con la lectura, una tarde fría en Mar del Plata, acompañada como lo sería siempre de la complicidad de mi padre.

      A los nueve años me dieron una copia de la llave del hogar y empecé a viajar sola en colectivo. El 24 lo tomaba en la puerta de mi casa y bajaba enfrente de la Biblioteca Municipal. El carnet de socia, me hacía sentir especial, lo mostraba orgullosa, sobre todo cuando los sellitos que indicaban la fecha en que había retirado el libro y cuando debía devolverlo, aumentaban.

   El sector infantil, tenía cierta arbitrariedad para ordenar los textos de 3 a 5, de 6 a 9 y de 10 a 13 años. Yo pensaba que a los 14, te echaban del  lugar, entonces entré en una compulsión lectora. Retiraba tres libros por semana, el máximo permitido y regresaba a los pocos días, para devolverlos y sacar otros tres. Tenía una estrategia y todo. Cómo los fines de semana podía leer mas, iba los lunes en búsqueda de los nuevos textos, los devolvía el viernes y ese mismo día aprovechaba para sacar otros 3 que devolvía el lunes. Creo que fue el único cálculo matemático de mi vida. Fue la etapa de mi formación dramática. Mi padre, no tuvo mejor idea que contarme que había leído Corazón, de Edmundo Damici, cuando tenía mi edad. Lo encontré, lloré lo imaginable y más, pero había algo peor, la colección amarilla de tapas duras, también contaba con títulos como Mujercitas y Las mujercitas se casan. Cuando la angustia ya había tomado mi cuerpo y mi mente, descubrí que Jo, la más rebelde de las mujercitas, mi preferida y a quien quería parecerme de grande, tenía sus propias novelas. Me alegré, podía seguir llorando otros dos meses,  compré los Hombrecitos de Jo y Los hombrecitos de Jo se casan. Y una prima lejana de la familia de Jo, que vivía en el interior, se enamoró de uno de los huérfanos del hogar de mi ídola. Si, Una chica anticuada y Una chica anticuada se enamora. Fue el mejor año de mi vida. Los personajes de esas novelas sufrían tanto, que yo era alegre y sencilla por osmosis.

   El comienzo de la adolescencia, aumentaba las discusiones con mi madre, quien volvió un día del supermercado con un libro de Poldy Bird, creo que se llamaba Palabras para mi hija adolescente. En una noche me di cuenta que era una porquería, nadie moría, ni iba a la guerra, ni enfermaba de escarlatina, ni pasaban hambre. Lo leí decepcionada, solo de compromiso.

   Se ve que me estaba poniendo pesada con el romanticismo barroco, porque un día mi padre me trajo Cuentos amor de Elsa Borneman, al fin…otra vez el llanto, los finales tristes, las despedidas.         

   La autora llenó mis tardes primaverales aquel 87.Me sentía renacer, el trabajo de mi viejo tenía una biblioteca para sus empleados, cada 15 días me traía una novela distinta, hasta que una vez, me dijo: “Dice el bibliotecario, que ya te mandó todos los textos infantiles, que va a buscarte algunos para adultos que puedas leer”. Fue una espera larga, casi agónica, para una nena de 11 años, ser considerada una adulta y acceder a otros relatos, era maravilloso. Cómo los preparativos de un viaje a Disney.

   Necesitaba más historias tortuosas de amor, así que me enamoré de Pablo Rago, que por aquella época protagonizaba Clave De Sol. Claro que él no aparecía en libros, sino en revistas adolescentes como Tú y Chicas. Un verano, gracias a mi amado, llegué a la 13/20, una revista casi anarquista y revolucionaria para mi formación  draconiana. De hecho yo rompía todas las reglas al comprarla, porque como indicaba su título solo personas de ese franja etaria podían leerla. Apenas tenía 12, ¿y si me descubrían? A  mitad de año tuve fiebre y cuando vino el médico le dije: “me parece que es escarlatina”, si tenía que morir debía hacerlo como las chicas de Mujercitas. Esa semana con unas paperas nadas literarias, me reconcilié con las novelas y fui recibida en el mundo de los grandes para leer “cosas de adultas”. Después de 389 días, el bibliotecario de la empresa donde trabajaba mi padre, le envió para mi Paula, de Isabel Allende. Estar enferma era lo mejor que podía pasarme en la vida, una semana para estar en la cama y leer. Por desgracia, no ocurría más de una vez al año, probé todos los métodos ortodoxos que me pasaban mis compañeros de escuela. Un secante mojado en la plantilla de los zapatos. Dormir con el pelo mojado, abrir la heladera y respirar muchas veces seguidas. Nada funcionaba. Alguna que otra vez, tuve una gripe leve, dos días de reposo que  igual  aprovechaba.

   Isabel Allende y García Márquez, fueron mis únicos lazos con la literatura durante los primeros años del secundario. Esa etapa de mi vida se mantenía oculta, mi cuerpo se redondeaba cada vez más, me detectaron miopía y usaba aparatos para la dentadura. Si el físico no me ayuda, al menos iba a hacerlo con el cerebro, ser la traga o la olfa, no estaba en mis planes. Sabía por algunos cuentos lo que sufrían los raros en la escuela. Mi destino no era ese, sino buscar un amor prohibido, que muriera de escarlatina. Dejé de leer por miedo al ridículo. Pero cuando descubría algún autor trágico, como Sor Juana Inés de la Cruz o Adolfo Becker, me alegraba. La profesora de literatura de quinto año sospechaba de mi desgracia y muy sutilmente me recomendaba novelas. Que yo leía para complacerla. Tanto miedo al ridículo tenía, que lo hice. Había que entregar un trabajo práctico sobre “Rosaura a la diez”, lo leía con desprecio, a regañadientes, faltando tres hojas y juro que eran tres hojas, di por finalizada mi lectura, completé el trabajo y lo entregué. Cuando lo devolvieron, la corrección decía: “Laura te sacaste un 9 por implementar la imaginación para un final que, tal vez, no era de tu agrado. Lee las últimas páginas de la novela.” Sentí y siento tanta vergüenza al recordarlo, que nunca pude saber cómo termina Rosendo. He visto el libro mil veces, pero lo esquivo.

   Estudié Comunicación Social, una carrera que disfruté y que sin quererlo me llevó al periodismo, fueron muchos años de leer teorías, artículos, ensayos. Solo los veranos los aprovechaba para esa lectura transportadora que había vuelto a mí.

   Truman Capote, Cortázar, Borges, le quitaron el lugar a Pablo Rago, por suerte. Fue la época en la que descubrí las librerías de usados, el perfume de los libros viejos, que traen otra historia además de la escrita.

   Diez años después de recibirme, comencé el profesorado de Letras, cada dos o tres meses, cuando el trabajo y el estudio lo permiten, me encierro con alguna novela y la termino en dos o tres días.

   Un sector de la biblioteca de mi casa, tiene aquellos libros que voy a leer las próximas vacaciones, los que voy adaptar al cine o al teatro y los que cambiaron mi vida.

   Hay muchos relatos clásicos que no leí y me siento en falta, pero hay una serie pequeña, que por el tiempo que lleva editándose debería ser considerada un imprescindible como Proust o Dovstoievski, que aún, no me animo a comprar.

   Cada vez que espero el subte, voy al el quiosco de revistas, si uno mira con cuidado, generalmente a la izquierda, están uno debajo del otro, los libros de la colección Jazmín. En la tapa, sea cual sea su título, usted verá dos amantes besándose, dibujados a mano alzada.

   Cuando a los 13 años, quise comprar uno, mientras mi madre, le pedía al vendedor la revista Humor. Me miró desencajada.

-¡No!

-¿Por qué?

-Porque dice porquerías.

   Pasaron veinte años, deduje que la revista Humor la leía mi padre. Estoy esperando el subte y mi mano quiere tomar uno de los Relatos de Jazmín. No, mejor no. Si no llega decir la cantidad de porquerías que imaginé durante estas décadas, voy a frustrarme. Después de todo, si la pareja que se besa  semidesnuda, no se contagió de escarlatina, no deben tener nada interesante para contar.

miércoles, 19 de enero de 2011

Volver

Hace muchos meses que no escribo, algunas personas me dicen : “Que vaga que estás con el blog”, “lo tenés abandonado”, “¿anda mal que no puedo ver tus nuevas notas?”.


Rápidamente diría que estaba con poco tiempo, pero siempre termino haciéndome de algunas horas para lo que me gusta. Creo que no estaba inspirada, o motivada o estaba bien atormentada por la cotidianeidad del 2010, que pensé que escribir desde el caos, la sorpresa o el día a día, era una etapa que podía ir abandonando.

“Laura -me dije -porque a veces me hablo en tercera persona como El Diego, escribí cuando tengas una idea procesada”. Y así fue que en todos estos meses mermaron las buenas ideas y mucho más los procesos.

Acabo de llegar a Punta del Este, todo el viaje intenté sacar la computadora de la cartera y ponerme a escribir, pero nada bueno se me ocurría y como aparecía el cartelito de Word 2010, me arrepentía. Me pregunto si habré perdido el oficio.

La habitación todavía no está disponible y me ofrecen desayunar para amenizar la espera. Hay muchos brasileros y gente mayor. Grupos de mujeres solas, algunos hombres que ya lucen la musculosa y el traje de baño. La cafetería fue mezclando su olor con los bronceadores de algunos pasajeros. Nunca había olido algo así. Aceite de coco, café y pan. Cuando regrese a Buenos Aires voy a ir a una tiendita que hace fragancias a pedido.

Suena Diego Torres como música ambiente, debe ser el último disco, porque no conozco ninguna canción, es el único que no compré porque los cortes de difusión me parecieron horribles. Desde acá no parece tan feo.

Ok, si estás vacaciones me Diego Torrizan serán perfectas, quiero olvidarme que había cosas que no me gustaban, quiero desprejuiciarme, sorprenderme, volverles a prestar atención. Revalorarlas, o desecharlas, o dejarlas en ese lugar del tiempo que no tiene espacio. Que puedan volver, si así tenían que hacerlo. Como un disco que omití comprar por creerlo igual a todos los anteriores, pero que con el tiempo se deja escuchar, ya no suena tan mal, ni tan igual a cualquier CD de Diego Torres. O si, a lo mejor suena igual, a mí me gustaba que Diego Torres tuviera melodías reconocibles, fáciles de sacar en la guitarra y tararear.

Me lo preguntaré cuando esté por irme, cuando lleve más tiempo que dos tazas de café y unos tostaditos tipo tarta de jamón y queso, en esta ciudad. Todavía mi espíritu está demasiado inquieto como para sacar conclusiones ligeras al respecto.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Tan cerca y tan lejos

   No puedo dejar de mirar el rescate de los mineros chilenos. Pensé en ellos todo el día, creo que es la primera vez que la tecnología me emociona. La imagen de la cápsula llegando al fondo o principio de la mina, desde una cámara mínima, perdida entre esos hombres que, tal vez, ya estaban perdidos antes del derrumbe.

   Como siempre que un tema me apasiona, termino obsesionada, sé los nombres, los pesos, los roles que cada uno ocupaba. Creo que al fin comprendo para que sirven las poleas que tanto amaba mi profesor de físico-química del secundario. Tenían una utilidad aplicable, quien diría.

   Trabajo insalubre si los hay el de las minas, pero como cualquier parte del mundo tiene pobres, esa labor tiene garantía de producción.

   Uno de los hombres atrapados, solo tiene 19 años, es papá de una nena de 5 meses y vive en una villa miseria. Supongo que no es el único que vive precariamente, que trabaja muriendo un poco cada día para ganarle al hambre.

   Y por él fueron, seguramente hay mucho de política conveniencia, pero no me importa. Por él fueron. Joven, pobre, sin estudios. No importa lo que no es, o si, por fin alguien movió los hilos y no lo dejaron morir. No los dejaron morir. Y eso que los pobres hacen ruido durante un tiempo y después, aparece un silencio que tapa cualquier recuerdo.

   Seguramente Piñera se lleve algunos votos, algunos reconocimientos del exterior, algunos aplausos. El silencio de los pobres es tan notable como las maniobras políticas. Pero hoy, algunos padres recuperaron a sus hijos, esposas a sus maridos, niños a sus papás, hoy le hice una mueca complaciente a la tecnología, hoy Chile me dio esperanza en el género humano.

   Parece que no importa que tan pequeño, tembloroso, o ingrato con sus vecinos sea un país. Todavía existen esos milagros gestados por los hombres, ayudados por Dios y alabados por toda la humanidad.

sábado, 23 de enero de 2010

Todo cambia

Debería averiguar la razón por la que están enrejando muchas plazas de Buenos Aires. ¿Quién conoce del poder de unos hierros de apenas 2 metros de altura?


Apenas unos días atrás había comentado lo cambiada que estaba esa plaza, que no sé si se llama Bernardo de Irigoyen o Rodríguez Peña o…para mi y la gente del barrio es la Placita de Marcelo T y Callao. Si, mutó mucho en los últimos meses, como todos nosotros.

A diario voy a hacer ejercicio, camino en círculos (cuadrados) desde hace mas de un año y medio, una hora. Y conmigo lo hace tanta gente que desconozco su nombre, pero no su cara. Muchas de estas columnas las fui imaginando en ese lugar, mientras esquivo personas, perros o intento ganarle al que está adelante.

Es el lugar más hermoso del mundo cuando acaba la primavera y los vientos tenues del verano hacen caer flores amarillas y violetas de sus árboles. Mucha gente se detiene a sacar fotos a esa alfombra de particular colorido. Otros, apenas llegan a la esquina detienen mi marcha o la del que esté llegando, para preguntar por el edificio que se llama Pizurno que es hermoso de lunes a viernes y mas lindo cuando sábados y domingos, punks, emos y darks se reúnen desde temprano.

Implícitamente hay una muralla, dentro sobre los bancos viejos y descoloridos, cerca de los árboles, sobre las escaleras de los tres monumentos de diferentes próceres que la vigilan, vive mucha gente. Cada vez mas, así empezaron a llegar desde la noche de la caridad a vecinos caritativos Y esa gente, que para el peatón pasajero a lo mejor es un mendigo, para los que pasean a sus perros, los que hacemos ejercicios, los que se reúnen en el canil a tomar mate, el profesor oriental que enseña Tai Chi, los adolescentes que se ratean, somos un todo. Extraño mosaico cultural que durante una hora compartimos ese espacio. Público.

Ninguno de nosotros, ni los que vamos por la vereda, ni ellos que viven en la plaza, sabemos mucho los unos de los otros. A mi me gusta observarnos, nos sonreímos al vernos, con algunos nos saludamos con algo mas de cordialidad, otros nos esquivamos. Hay una viejita (divina) que cada vez que entro en velocidad, nada que queme demasiadas calorías, hace que me detenga para contarme sus novedades. Hay una mujer de unos 40 años, que ya bajó 30 kilos y levanta el pulgar cuando nos cruzamos. Está el colectivero que se asustó en un preinfarto y empezó a moverse. Hay un morocho, idéntico a Pablo Echarry que desgastamos a miradas todas las mujeres de la plaza cuando aparece corriendo transpirado con su reproductor de mp3 y la mirada fija en la nada. Adentro sobre los arbustos que dan a Rodríguez peña hay una pareja gay. Una vez los ví teniendo sexo oral, hice dos vueltas tratando de confirmar si lo que veía era eso y dos vueltas mas buscando al policía que para en el quiosco, pero come panchos en el boliche anexo. No encontrarlo me permitió entender que no estaban ofendiéndome y que si bien, hay cosas para la intimidad. Donde encuentra un "sin vivienda" intimidad, sino en el lugar en el que duerme. Hay un hombre joven que cerca de las 19, abre la botella de cerveza y una se sentaría tranquila en el césped para compartirla. Hay una manguera ilustre, que a veces hace algo de Ceratti.

Las rejas son verdes, y dan la sensación de dividirnos rotundamente. Ahora el adentro y el afuera están delimitados concretamente. Por una vez los que estamos afuera, no veremos modificado nuestra rutina drásticamente, pero los que están adentro si. ¿Alguien tendrá el oficio de sacarlos cuando el reloj de la hora señalada y haya que cerrar? ¿Quedaran adentro, bajo una murallita endeble con candado de bronce, seguros de su inseguridad? Ya encontraremos la manera de sonreírnos, de saludarnos, de saber del otro. Hoy estamos a medio enrejar, en unos días, solo comprobaremos empíricamente que las divisiones no son buenas, siempre estuvieron, pero para ellos, para los que las planean y concretan, no para nosotros.

lunes, 30 de noviembre de 2009

¿Todos fuimos Peronistas? A Casaerian Extravaganza

El sábado 28 de noviembre Alfredo Casero realizó la última función de “A Casaerian Extravaganza”, para mi gusto el mejor de todos sus shows.

Sobre el final del espectáculo, explicando como había que comportarse cuando él cantara “Pizza conmigo” comentó:
- Los argentinos cuando alguien dice pidamos una pizza, aplauden y cuando alguien dice Viva Perón, se ríen.

No sé si aplaudo con lo de la Pizza, pero la oda peronista me da risa. Cuando lo escuché, tiré la cabeza hacia atrás, riéndome. Perón está en el aire, como el amor, generaciones que escuchamos, leímos y estudiamos su gobierno, lo sentimos tan vigente y natural, como ir al teatro un sábado por la noche.

Esta crónica no tiene gracia, es inmoral hablar de Alfredo Casero y ser tan lineal.
Vuelvo a cero. Recibí dos entradas de prensa, entiéndase gratis, para verlo. Las había pedido mucho tiempo antes, desde que me enteré que estaba en el Ateneo. Mala época del año para invertir en teatro, o hipotecaba mi alimentación semanal o no lo veía. Llegué del trabajo y había un sobre con el mejor regalo del mundo.
Pensé en la máquina de coser que recibió mi abuela, si dos entradas me causaban esa felicidad, que cara tendría cuando se la entregaron.
La premisa es esta, un regalo peronista se comparte con un peronista.
La función empezó casi una hora y media mas tarde. La pc con las imágenes se había ¿roto? ¿Se rompen las computadoras? Seguramente exista otro termino para explicar que la máquina con la que se hacia el show no funcionaba, en fin…no había imágenes.
Apareció Alfredo Casero en el hall del teatro, después de sus explicaciones dieron sala. "Va a hacer la obra pero modificada", "hay cosas que no andan", era el rumor entre los espectadores. ¿Hay algo más peronista que el rumor?

Confiaba que Casero podía remontar la situación.

Apareció Juan Carlos Batman, muy cerca nuestro que estábamos en la superpullman.
Dije:
- Si querés ya nos podemos ir. Ya soy feliz. – Feliz de toda felicidad, como diría una
profesora. El sábado que era domingo se había convertido en una exquisitez.

La Banda, interpretó temas para los viejos seguidores:
Bailando en la sociedad rural
Endrogada en Adrogué
Pizza conmigo

Alfredo Casero intentaba recompensar al público por la demora, no hacia falta. Su sola presencia completaba cualquier carencia. ¿Cómo el Peronismo?

El ratón Juan Carlos, la marcha del Dr. Vaporeso, Yhimauta, el mono matemático. Hubo una época en que no lo entendía. ¿Y si me pasa lo mismo con el Peronismo? No sea cosa que por no comprenderlo ahora, me sienta alejada.

Dos horas y media después, empezaba a sentir esa ligera angustia que me provocan los finales felices.
...Retomo desde que tiré la cabeza hacia atrás cuando oí “la gente escucha Viva Perón y se ríe.”

Es cierto, es un mito Peronista, pero se convirtió en adjetivo. Es eso lo que me provoca gracia, me resulta paradigmático y fenomenal que hasta el Humor, tenga esencia Peronista.
Nadie se ríe de lo que no entiende, entonces me pregunto:
¿Seremos genéticamente peronistas? Peronistas de Perón, por si me faltaba usar alguna de las frases del movimiento.

¿Estaremos condenados al Peronismo? Como dijo Chiche Gelblung.

El sábado, fue un verdadero día Peronista, no por el sol de la tarde, sino por todo lo demás. No sé si la alegría es Peronista, pero a mi me encantó.

lunes, 23 de noviembre de 2009

¿What Pass?

¿Por qué Maxi Lopez creyó que Wanda Nara podia dejar de trolear para convertirse en esposa y madre?

¿Por qué si me gusta la canción Como una Loba,  es tremenda grasada, pero si el Banco Galicia usa Me das cada día mas, en un spot es cool y creativo?

¿Por qué Carmela (protagonista de La pasión según Carmela de Aguinis) puede romper el prejuicio de los revolucionarios cubanos y hasta enamorar a uno de ellos?

¿Por qué la mamá del Ogro Fabianni insiste en que su hijo no está gordo, sino que es grandote?

La óptica de los creativos, las madres y los escritores es fabulosa. Pero salvo en el caso de Maxi Lopez, nunca se aplica en la realidad.

Nunca pensé que podía usar esta analogía, pero que felices seriamos todos si pudieramos encontrar a nuestro Maxi Lopez, que la vio a ella, tan tan tan Wanda Nara y se la llevó...

domingo, 27 de septiembre de 2009

Frase Robada

Me gusta dar clases, sobre todo en esta época del año cuando en los programas curriculares aparecen los Movimientos de Vanguardia como objetivos de la materia.

Llegué feliz al aula, el surrealismo me alegra, dejé sobre el escritorio láminas y DVD’s, estaba por pedirle a uno de los alumnos que fuese a buscar el control remoto, cuando ví un grupo de 3 sentados en el piso.
Me acerqué con curiosidad, escuché de su parte relatos y pensamientos maravillosos:

- Ya vamos profe. – dijeron por decir, porque no tenían ninguna intención de moverse.
- Me quiero matar.
- Epa ¿Qué pasa? – pregunté
- ¿Vió que viene AC/DC?
- Si, el dos de diciembre. – Contesté sabiendo que ganaba puntos entre la juventud. - ¿Por eso te querés matar?
- ¿Vió lo que sale la entrada?
- No, mas de $100, supongo. - Me provoca mucha gracia que me traten de usted, hasta para hablar de esto.
- En diciembre está la fiesta de egresados. Tengo la guita justa. Mi familia no va a la fiesta, porque no podemos gastar tanto. Voy a la fiesta o al recital.

Hay momentos de la vida que parecen simples, pero que uno daría cualquier cosa por no atravesar. Uno se empantana, la orilla está cerca, pero uno con el cuerpo y la cabeza sin reacción. Este era uno de esos, sabia por lo que estaba pasando mi alumno, sabia tanto de lo que hablaba que ni siquiera podía decirle: No es como para matarse.

- ¿Usted que haría Profe?

El usted que haría proveniente de un chico de 17 años, a mis 33 tiene tanto pero tanto peso, que es la pregunta a la que mas le temo. De un tiempo a esta parte me dí cuenta que les contesto enojada cada vez que la formulan, uso verbos en potencial, como si eso le quitara personalidad. Aun tengo presente los errores de mi adolescencia y los de mi adultez. Armo hipótesis del estilo, con el corazón les diría tal cosa y con la razón tal otra. Estupideces.

- Ay Javier, estás hablando con una profesora de arte, no puedo ser objetiva. Soy de las que odian las fiestas sociales. Que voy a los casamientos, fiestas de 15 o Comuniones, porque sé que para los que me invitaron es importante que esté ahí. Vos pensás que hay algo en el mundo que pueda molestarme mas que comer un plato de ensalada rusa, salir a bailar temas de los 80, regresar a la mesa, comer pollo con alguna salsa semidulce, salir a la pista bailar temas de los 90, sentarme de nuevo comer un cuadradito de helado de tres gustos, bailar a Rodrigo, disfrazarme de persona que disfruta del carnaval carioca. No, nada de eso me gusta, quedarme en mi casa a ver “Los Bañeros mas locos del mundo 25” para mi es mejor plan. Y para peor o mejor, tu contrapartida es una banda de rock

- De metal
- No puedo contestarte que haría.
- Ya se lo contestó – se rió Marcelo
- ¿Cuánto sale la entrada? – pregunté
- 100, veinte pesos más que la entrada de la fiesta.
- ¿Y no conseguirás alguna changa, como para pagarte las dos cosas?
- Ya estoy trabajando para pagar el traje, la fiesta y el viaje.
- Cierto – murmuré.

Habían pasado como diez minutos, el resto de los alumnos se acercaba para saber que ocurria. Recordé que tenía que dar la clase.

No fui a mi fiesta de egresados, la excusa fue el recital de Luis Miguel en Vélez, el mismo día y a la misma hora, pero la verdad era otra.
El cine, el teatro, la música, la literatura, el arte en si, logran movilizarme mas que un enamoramiento. Soy exageradamente sentimental, nostálgica, tanto que no fui al recital de despedida de Los Piojos, porque prefería o necesitaba quedarme con la sensación de continuidad. Algo así como “ojos que no ven, corazón que no siente.”

Hay una sensación individual, personal, íntima ante el arte, sea cual sea el medio por el cual se materializó, que ni siquiera el mas exquisito de los autores podría definir.
Cómo lejos estoy de esos autores y así como me paralizo en las situaciones límites, me quedo sin palabras cuando otro las requiere con urgencia. Usé las de otros, que tanto hicieron por mi felicidad y mi trabajo.

- Mirá Javi, fui tu profesora durante tres años. Sabés que no soy políticamente incorrecta. Cuando una situación me excede, uso la tabla del costo – beneficio.
- ¿Cómo?
- Vamos a poner de ejemplo lo que a vos te preocupa ahora, pero intentá abstraerte. Pensalo para otros aspectos de tu vida también. Tenés cien pesos, querés ir a ver a AC/DC, porque te gusta…
- Los amo – Interrumpió
- Te encanta AC/DC, nunca los viste en vivo y es muy probable que ellos no vuelvan a tocar en Argentina. También tenés una fiesta para despedirte de tus compañeros...
- De mis amigos – Volvió a interrumpir.
- De tus amigos con los que compartiste 5 años, pero que también van a estar acá, seguramente, en el mismo barrio y la misma casa por un tiempo más. Visto desde mi óptica, según lo que elijas celebras el comienzo de una etapa o festejas el fin de otra. Intentá elegir con alegría. – Me arrepentí de esa frase casi de autoayuda, me estaba angustiando tanto su situación, que la perdí de mis labios casi al pasar mientras me levantaba.

Colgué los afiches con las pinturas de Dalí y mientras en el proyector aparecían las primeras escenas de “Un Perro Andaluz”, en mi cabeza comenzaban los reproches.
¿Qué clase de sugerencias haces? Fuiste parcial ¿Y si ese chico se arrepiente toda su vida de no haber hecho lo contrario solo por una sugerencia tuya? ¿Y si le prestas los 100? No podés prestarle 100 pesos a los 100 alumnos que tenés. ¿Y si se los prestas solo a los que lo necesitan? ¿Y si me prestan todos 100 pesos a mi?
La clase fue corta, no llegué a explicar el Surrealismo. Uno de los chicos se ofreció a ayudarme a descolgar las láminas.
Apareció el murmullo que dice claramente: “no entendí nada.”

-Esperen, no es que no entendieron nada, es que el surrealismo rompe con la lógica. Estamos acostumbrados a razonar de una manera preestablecida. Cuando se corta esa línea de pensamientos aparecen otros. ¿Quién conoce Aladelta? El tema de Divididos. -Como esperaba la mayoría levantó la mano – ¿Y a Capusotto? Los sueños suelen ser surrealistas. Busqué con la mirada a Javier implorando en silencio para que mi charla no lo no hubiese influenciado dije – Los sueños del descanso son surrealistas y los sueños del anhelo, del deseo, también.

Los chicos se acercaban para despedirse, Javier fue el último.

- Chau Profe. Yo pensé que me iba a decir que tenía que ir a la fiesta de egresados, pero después de lo que me dijo me siento peor.
- No. ¿De verdad? Que macana. No sé que decirte Javier.
- Si, ya me di cuenta. – Nos despedimos.
- Javier – lo llamé, estaba llegando a la puerta – sos como un fantasma peleándole al viento.
- Aguante el rock profe – dio la vuelta y se fue.

Hay frases maravillosas, metáforas tan gráficas que agradezco haberlas escuchado, haberlas vivido, sentido,cantado, gritado. Entonces pensé que a lo mejor no estaba tan equivocado mi consejo. Dios quiera que nunca se entere que tuve una época en la que me gustaba Luis Miguel, no por lo cursi, ni por lo pegoteantemente meloso, sino porque nunca me dio una frase tan útil como el rock. Y por lo cursi y meloso también. Con que facilidad deberían solucionarse algunas cosas.

Para la incertidumbre de elegir no hay dinero, para todo lo demás existe Master Card.

martes, 8 de septiembre de 2009

No, nunca.

Generalmente los domingos aprovecho para escribir. No me había dado cuenta que la tele estaba encendida, hasta que la escuché preguntar a Susana Giménez: - “¿Alguna vez sufriste por amor?” aparté las manos del teclado y esperé la respuesta. El silencio del actor dio lugar a una nueva pregunta “Es algo que me interesa mucho, si la gente todavía sufre por amor.” ¿Todavía? ¿Qué fue el wifi, la tv satelital, el crecimiento de la feria de la Salada? ¿Que ingrediente de la modernidad venia para alejarnos del sufrimiento?
Hay más respuestas para “¿Un dinosaurio vivo?” que para esta. ¿En que momentos se le ocurrió pensar que hay gente que no sufre por amor? De hecho ¿se puedo sufrir por otra cosa? Imagino hipótesis:
Chocar con el auto, enoja
Si un ser querido está enfermo, preocupa.
La enfermedad, duele.
La política, la violencia, indigna.
El sexo, la risa, la vida, seducen
La comida, tienta.

Valga una salvedad, adoro a Susana Giménez, por dos razones frívolas y banales.
Primero porque usa PRADA, GUCCI, VUITTON, VALENCIAGA, JACOBBS, todo junto. Una buena mujer sabe reconocer entre la envidia y la admiración. Me encanta que no sienta la culpa intravenosa que me provocaría el solo hecho de llevar un saldito de alguna de esas tiendas que tienen la ropa mas linda del mundo.
El otro motivo, es de largo arrastre, supongo que yo tenía 11 o 12 años, estaba en la casa de mi abuela, mirando “Hola Susana”, que en ese entonces iba al mediodía. Sin mirarme, se le escapó:
“Mirá cuando vos estés sentada ahí, en el living de Susana”
Mi reciente adolescencia estaba alucinada por un grunge, que había adaptado de una manera muy Light, entonces contesté:
“Mirá cuando te ganas el auto y me lo regales.”

Desde entonces, me preguntó por cual de todos estos talentos y habilidades, mi abuela sospechaba que yo iba a terminar entrevistada por Susana. Seria por:
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Bueno, nunca perdí la curiosidad, por eso la veo. A ver si un domingo de estos descubro que debería llevarme a ese sillón.
Volviendo a la pregunta, que resultó, no ser la primera vez que la formulaba, hice un pequeño repaso sociocultural. Hace unas semanas, en una cena con amigos, de 6 personas de ambos sexos, 4 declararon que estaban tristes. Por la perdida de una pareja, por recuerdos que aparecían, por infidelidad y por un amor no correspondido.
De mis 8 amigos más cercanos, el 80 % está padeciendo de alguna u otra manera el amor. No quiero decir que el amor sea sufrimiento, opino todo lo contrario, solo que duele, que es difícil, que la prueba y error a veces nos destroza. Que si las ilusiones y las expectativas, quedan truncas uno se siente vencido.

La pregunta está mal formulada, seria algo así como ¿Sabes de alguien que no haya sufrido por amor?
¿Existiría el arte sin lamentos de amor?
Escribo algunas estrofas de tres canciones que escuché hoy, ¿casualidad? Todas están escritas desde el sufrimiento. No son las más emblemáticas, ni las más representativas, son las primeras que aparecen en mi memoria.

“No me pidas que no sangre
Si aun el cuchillo
No sacaste de mí
No me pidas que use cicatrizante
Dame días, dame meses…” Calamaro

“…Si al final siempre el tiempo se va
Donde caen los días
Si al final abrazarse al dolor
No nos deja brillar
Dime qué será, qué será de los dos
Cuando pase la vida…” F.Cantilo

…”Caigo ausente en el tiempo y ya no estás
Y ya no estás
Correré con el viento esta vez
Y así estaré
Alejé con mis sueños el dolor…” Tristemente Célebres

Esta es una de mis preferidas y si bien hoy no supe de ella, la tengo siempre presente:

“…Como un borracho necesita un bar
Como un preso libertad te necesito.
Como un mendigo un poco de pan
Como un ciego imaginar te necesito….” Los Piojos

Gala y Dalí, Frida y Rivera.

O el desesperado protagonista de Memento cuando exclama: "No me acuerdo de olvidarte.”

Así que parodiando la fantasía de mi abuela, vestida por Dolce y Gabbana con zapatos de Jimmy Choo respondería:

“Ay Susana, no hay nada en el mundo que valga la pena tanto, como sufrir por amor”.

Es cansador, desgastante, pero pasa. Y uno encuentra etapas, como estás, que puede reírse de lo mucho que sufrió por amor y de lo bien que se está esperando la llegado de una nuevo.

martes, 1 de septiembre de 2009

Lo de complicadas, ya fue.

No creo en la escritura colectiva. Salvo la experiencia de “Cadáver exquisito”, nunca vi nada demasiado interesante realizado en conjunto. Pero este texto, seria demasiado cerrado y personal, si no necesitara la ayuda de mis amigas o de todas las que lo crean necesario. Después de compartir cinco días, con hombres y mujeres de diferentes edades y criterios, confirmé que el gran problema de los sexos es que vamos por caminos diferentes. La frase que mas ruido me hizo y a la que traté de rebatir con la firmeza de Juana de Arco fue: “Para nosotros (los hombres) el sexo ocupa un 80 o 90 % y para ustedes un 10 o 20%.” No chicos, es cierto que los volvimos locos con eso de: Todavía no, necesito conocerte, me duele la cabeza, me indispuse, es muy rápido, estoy muerta, tuve un día terrible, etc. Pero lo cierto es que para nosotras el sexo también es importante, solo que no siempre utilizan la seducción adecuada. Y haciendo uso de la frase de un viejo amigo que me dijo: “Si nos organizamos cojemos todos.” Empiezo este listado a lo “Tip de Revista Para Ti”, porque no puede ser tan difícil la seducción. Solo que estamos parados en un pantano, ellos vienen con un vaso del trago mas caro o un auto con vidrios polarizados y mas luces que un plato volador. Con zapatillas de 600 pesos o remeras de Lacoste. Nosotras metemos panza cuando se acercan y dejamos de respirar. Claro, que vamos a decir de interesante si solo pensamos en no consumir todo el oxigeno de nuestro cuerpo, enderezar la espalda, camuflar el dolor que nos provocan los tacos. Si la humedad nos está arruinando la planchita o si nos pusimos la clásica remerita blanca, pero se usa a morir el violeta.
Los siguientes son consejos femeninos, de absoluta simpleza, que pueden y deben aplicarse en menos de 5 segundos. Parecemos complicadas, pero es cuestión de entendernos. Hay gestos, palabras y actitudes masculinas, que nos rinden, después de emplearse cualquiera de ellas, no hace falta nada más. Estas fueron testeadas y comprobadas, con un resultado garantizado del 99, 9%.
Para proteger la identidad de algunas de las participantes, se modificaron sus nombres: Y para no horrorizar a algún lector, la palabra seducción, en este texto es utilizada como sinónimo de sexo, darse, garchar, enamorarse, picotear, mimarse, quererse, amarse, etc. Amplitud.

A mí (Laura Bech) me seducen los hombres:
Cuando me guiñan el ojo con complicidad.
Cuando me ayudan con las bolsas del supermercado.
Cuando me dicen bonita.
Cuando para pedirme permiso me toman de la cintura.
Cuando en medio de un recital, me preguntan si veo bien. (Mido 1.60, todos me tapan, hasta papá pitufo) y cuando les digo: “mas o menos”, corren al que está adelante, con un “movete que no la dejas ver.”
Marcela Y
Manos limpias, uñas cortas pero no cuidadas de manera femenina!
Cuando me mira fijamente y yo intento adivinar que está pensando
Una media sonrisa pí­cara
Cuando después de 25 años me llama al celu y me dice: ”Hola, linda”
Cuando me dice: “vos cocinaste, yo lavo los platos”
Cuando me trae un Biznike nevado
Cuando lo miro trabajar concentrado
Cuando se mata haciendo dieta para bajar la pancita
Cuando me sorprende yendo a buscarme al trabajo
Cuando me dice “¿Que pasa?” en el momento que lo preciso
Marcela G
Cuando me abren la puerta del auto
Cuando me dejan pasar primera al abrir la puerta de algún negocio
Cuando me compran flores
Cuando se esfuerza en hacer mi comida favorita
Cuando me presta el auto a pesar que no le gusta prestármelo
Cuando ve un canal de cocina que el odia porque sabe que me gusta ese programa
Vanesa:
Cuando me sorprenden.
Cuando me hacen el juego de la "batalla intelectual".
Y claro, me seduce cuando tienen ese lomazo, están bronceados y son muy bonitos pero también masculinos!
Hermanas F
Cuando me miran de reojosCuando pagan una cena o un tragoQue meneje
Cuando me toman de la manoQue usen lentes para leerEl hombre que cocinaEl que sabe hacer un buen asadoMe seduce el hombre que tiene un rico perfumeEl hombre lampiño
Gisele
Cuando me dicen “nena”.
Que tenga algunos comportamientos femeninos: cruzarse de piernas delicadamente, mover las manos al hablar, mariconadas, bah
Que actúe con cierta impulsividad ante gestos, miradas o cosas que digo
Que no olvide mantener el contacto físico, rozándome la mano, o tomándome del brazo.
Que se interese por lo que digo, me mire y escuche atentamente.
Que me recorra con la mirada sin decir una palabra. Puede resultar algo incómodo, ¡pero es señal de guerra segura!
Que me diga "mi amor", en cualquier momento. Aunque no sea el momento oportuno de la relación, ¡qué va!, ¡¿a quién no le gusta ser el amor de alguien aunque sea una frase hecha?!
Clara
Cuando dice mi nombre, nada massss.
Me gusta q le guste que la cerveza sea mi bebida preferida
Que este pendiente de mi en una reunion o algo asi..
Darme cuenta de reojo q me esta mirando
Que me saque a bailar
Que se adelante y ya sepa que me gusta

Seguro, en algunos días implementaré que los derrite a ellos de nosotras. Pero creía necesaria esta aclaración. No es para que hagan todo esto junto, a saber:
No me dejes pasar primera en la fila del súper tomándome de la cintura, no me guiñes el ojo, me dejes ver que tenés en el changuito todo lo necesario para hacer comida griega, no enciendas la alarma del auto para que me dé cuenta que manejas, no agarres un Biznike de la góndola y lo pongas en mi carro. Y por último no me digas: “¿Te ayudo con las bolsas, linda?”
Una cosa a la vez. Bah.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Diga 33

Ayer cumplí 33, la edad de Cristo.
-Y la de Evita – me dijo una compañera de trabajo. Peronista, obvio.
Mi abuela cuando escuchó mi comentario:
-Voy a tener que hacer algo trascendente este año abuela, cumplo la edad de Cristo.
Respondió:
-La maternidad cada vez está mas demorada, podes tener un hijo a los 40. – Una abuela a la que defraudo constantemente, no nos olvidemos que cuando cumplí 18, se compró un vestido de fiesta porque aseguraba que me iba a casar de apuro en cualquier momento. Y cuando me enojé, exclamando:
-Se cuidarme, no soy tan tonta.
Contestó.
-Que te cases embarazada seria un milagro, con el carácter que tenés, donde consigas un chico que te aguante tres meses, lo vas a hacer casarse.

Pero mas allá de levantarme a las 8.30 de la mañana un martes, que podría haberlo hecho a las 12, para responderle a mi abuela que con algo trascendente me refería a…plantar un árbol, hacer dieta, conocer Paris, comprarme unas medias de red y ver que pasa, leer en menos de dos semanas a Saramago…

Después del mediodía empezaron a llamarme las personas que realmente me conocen, las que son producto de elecciones personales, que conocí hace 500 años o tres semanas, en los lugares mas comunes, llorando, alegres, por herencia… Esos seres que saben que pasadas las 12, ya puedo hablar con propiedad, esos que pese al mal carácter al que mi abuela alude, me quieren. A la noche, los amigos y hoy cuando pasadas las 12, enciendo la computadora, veo que tengo más mensajes de amor. Gracias por hacerme tan feliz, los quiero.
Ah y cumplir 33 tiene sus ventajas:

Sigo estando mas cerca de los 30 que de los 40.
Entendí que soy una experta en todo lo que me va mal. Entiéndase, tengo los mejores consejos para solucionar sus vidas afectivas, consejos que por supuesto nunca apliqué en mí. Pero que estoy segura, dado los resultados, funcionan.
Ya no soy una histérica, me seduce la simpleza tanto como conocer Paris.
Todavía no conozco Paris.
Encontré mi lugar en el mundo.
Digo menos malas palabras, pero las aplico mejor.
Aun frecuento grupos donde soy la mas joven.
Ya tengo amigos mas jóvenes que pueden ayudarme con la tecnología.
Llevo menos años de divorciada.
Y después de 33 años de mal carácter, dicen que nací con el seño fruncido y moviendo los pies como si pegase pataditas, ya nadie cree que mi mal carácter sea para tanto.
Y todavía no conozco Paris.

Paris

lunes, 13 de julio de 2009

No me reconozco

Hay algo del razonamiento humano que excede los límites de la estupidez. Me refiero al hilo conductor que se rompe en situaciones particulares, donde la fórmula (¿físico, químico, mental?) que produce un pensamiento lógico acorde a las características de cada ser vivo, hace una especie de grieta y permite que otras ideas aparezcan. Son momentos donde uno es totalmente conciente de lo que le pasa y peor aún, de lo que está pensando. Pero nada detiene ese impulso y aparecen sin que uno ni siquiera tenga tiempo de detenerlas o pensar si son las correctas. En lo personal, me vuelvo violenta, mal hablada, intolerante. Mi metro sesenta es como uno de esos vasitos que usábamos en el Jardín de infantes, ese que venia aplastado en un cajita e íbamos estirando con asombro absoluto. Me enojo, me irrito y pienso lo impensable, lo mas absurdo y ridículo.

Hace unos días, iba al cumpleaños de una amiga, cuando una moto cruzó mi paso. Por la velocidad y lo exótico del movimiento deduje que iba a ser víctima de un robo.
Acá aparece mi primer pensamiento paralelo, por llamarlo de alguna forma. Y como a lo largo de este relato se manifiestan en demasía, decidí escribir en negrita todas aquellas cosas que no dije, pero que juro pensé. No quiere decir que lo que respondí era sensato, era tan absurdo como ese otro pensamiento paralelo, pero socialmente mejor visto.

¿Me roban con un scooter? Aprendí a andar en moto a los 10 años, en una zanellita por las sierras cordobesas un verano en vacaciones. ¿Estos me van a robar con la versión moderna de vehículo casi infantil? No sé por que, pero si bien nunca imaginé como me asaltarían, me hubiese gustado que tuviera más glamour.

-Dame la cartera - Me gritó uno de los delincuentes, mientras bajaba de la moto y me mostraba el arma. Miré el revolver como si yo no estuviese ahí, como si nada mas importante estuviese ocurriendo, salvo que veía por primera vez en mi vida un arma.
Mi cartera, que era un bolso y que tenía tantas cosas como una puede necesitar al estar 8 horas fuera de su casa, pasaba de mi hombro derecho al del caballero.
-Dame la alianza.
- ¿Qué? – escuché perfectamente que me pedía la alianza, pero no podía entender por que este hombre suponía que debía estar casada.
- La alianza.
Pensé en decirle la verdad. Sonreír y exclamar: soy soltera. Soltera y fabulosa, como Carrie Bradshaw. O: la puta que te parió ¿Por qué voy a tener que estar casada? ¿Cómo seducís a una mujer? ¿Nunca probaste el: sos casada, soltera, tenes novio?
Pero si hay algo que tienen estos razonamientos de lógica extraña, es que uno casi nunca los aplica y vuelve en si para depositarle en la mano un anillo que me regaló mi mamá cuando cumplí 25 años.
Se fueron, con mi divina cartera nueva y toda la vida que llevo dentro de ella. Después de contarle a mi amiga durante 30 minutos lo que había pasado en 3, fuimos a la comisaría para hacer la denuncia.

Segunda primera experiencia del día.

-¿Puede describirlos físicamente? Interrogó un policía, cabo, oficial, sargento. Que tremenda necesidad de saber como tenia que llamarlo.
- Si, era gordito, morocho, pelo muy corto, media un metro ochenta, más o menos. Tenía un jean y un buzo. Ese es el que estaba armado, el…
- Masculino, robusto, tez trigueña, alto y vestimenta informal. – Interrumpió.
- Dicho así, se parece a Pablo Echarry - Dije, casi ofendida, por no interpretar mi descripción.
- ¿Qué elementos tenia en la cartera?
- Todo.
- ¿A saber?
- Bueno, lo que me acuerdo, la billetera, con la cédula, el dólar de la suerte, las tarjetas de debito, la de crédito, la de la obra social. La de los puntos del supermercado Disco, de la librería Galerna, La de Freddo y todas las tarjetas de puntos, que ahora dan en casi todos lados. Tenía la carpeta con las cosas del trabajo, una cartuchera. Los anteojos de sol, un monedero. Un neceser. ¿Le digo lo que tenia dentro del neceser?
- ¿Era importante? -Preguntó un policía cada vez más amable y entregado a su curiosidad.
- Para mi si.
- Entonces si.
- Bueno en el neceser tenía un peine, un espejito, un labial, un pastillero. – Creí necesaria una aclaración - con aspirinas, ibuprofeno y Rivotril recetado.- Creí necesaria una segunda aclaración.
- ¿Otras pertenencias que llevara en la cartera?
- El celular, la agenda, un libro.
- ¿Sobre?
- ¿Sobre que era el libro?
- Correcto
- Era un libro sobre Cine, los orígenes del cine. Para mis alumnos.
Va, es un libro de cine. Porque yo no lo tengo mas, pero existe. Si puede esa parte corríjala, porque no queda bien que una profesora se equivoque en los tiempos verbales.
- ¿Profesora de?
- De Comunicación.
- ¿Edad?
- 32 años
- Casada, por supuesto.
- El por supuesto te lo metes en culo.
Sonreí
- No, soltera- y fundí la a con la sonrisa. La gente espera de uno mucho menos de lo que uno cree que debería ser. Pero justo eso que esperan no se cumple. ¿En que difiere la denuncia de una mujer soltera o una casada? ¿Y las viudas, divorciadas, madres solteras? ¿Por que nadie pregunta con que promedio se recibió? ¿Cuántos amigos van a preocuparse por usted hoy? ¿A cuantas personas hizo reír en su vida?

A mi respuesta, el policia emitió un sonido gutural irreproducible en forma de texto, pero sonaba a preocupación.

-¿Cree que va a aparecer mi cartera?
Su silencio, denotó lo tonta de mi pregunta, pero no menos importante para mi.
Una vez que la impresora emitió un ruido desahuciado para avisar que había finalizado la copia y mientras me disponía a leerla para luego firmarla, encuentro que se declara, que la disente no recuerda los rostros de los delincuentes por eso no se realiza un identikit.

- Yo me acuerdo como eran las caras.
- Bueno, dibújelas y amagó con sacar lápiz y papel del cajón.
- No, no sé dibujar. Cómo voy a dibujarlo yo, además soy minimalista y abstracta. No puedo hacer un rostro para que lo reconozcan.
- ¿Y entonces?
- ¿Sabe por que no me caso? Porque tengo la desgracia de cruzarme con hombres que solo pronuncian monosílabos. Por analfabetos como usted nunca me casé, porque la gente ya no puede sostener una conversación. ¿Puede armar una oración bimembre para hacerme la pregunta? Justo a mi tenia que pasarme esta desgracia de ser interrogada por una persona que no sabe preguntar. Está en las 5 cosas que no soporto de las personas.

- Y llame a un dibujante o muéstreme fotos.
- Usted vió muchas películas.
Resignada firmé la denuncia, donde aclaramos a mano, que también tenia las llaves de mi casa en la cartera y me retiré.

En la puerta no estaba un marido, como la policía y delincuente esperaban de mí. Estaba mi amiga Marcela, con esa sonrisa de alivio que pone la gente que te quiere cuando te ven aparecer. Fuimos juntas hasta la parada del colectivo. Aproveché para contarle en 20 minutos, una declaración que apenas duró 5.

Una vez en el 17 y sintiéndome cobijada por los pasajeros que se empujaban unos a otros reflexioné sobre lo insensato de algunos pensamientos.

Ah y el “usted vio muchas películas” fue una deducción obvia, un razonamiento simple y rápido promovido por el libro que llevaba en la cartera. Si, vi muchas películas y si en vez de contener ideas absurdas que no corresponden contar en público, dejara que esos pensamientos hablen, usted escucharía un: ¿Sabe que se puede vivir sin estar casado? ¿Sabe que hay muchas opciones para vivir el amor? ¿Usted es feliz con su esposa y sus hijos?
Sé que es agotador andar por la vida conteniendo los impulsos. Pero usted, joven policía bonaerense o usted NN armado en motocicleta, no querría escuchar lo que verdaderamente pienso. ¿Por qué tengo que escuchar el suyo?